La angustia y la
esperanza
La vida humana,
nuestra vida, está marcada por dos sentimientos opuestos: La angustia
y la esperanza.
Como los judíos, que esperaban al Mesías hace 2.000 años,
hoy vivimos angustiados por la inseguridad y tensiones de nuestro
mundo, lleno de egoísmo y violencia.
La angustia de todas formas, entendida como algo activo y sin
entrar en matizaciones filosóficas, no es totalmente negativa, ya que
debe ser una vacuna contra la excesiva confianza, que sacuda nuestra
pereza y active nuestra imaginación.
Todas las sociedades demasiado seguras y autosuficientes han
decaído.
Ahora bien, estamos en Navidad y es tiempo de reafirmar el otro
lado de la moneda: la esperanza.
Esperanza en que los hombre hemos de encontrar un nuevo
camino en nuestras relaciones; esperanza en que la bondad ha de
triunfar sobre el egoísmo; esperanza en que llegará el día
en que la violencia no sea el sistema normal...; esperanza y
seguridad de que Jesús no vivió en vano entre nosotros.
Parece ley de vida el que la gente de edad vea el futuro muy
sombrío y, en cambio, la juventud lo vea de brillantes colores.
El Casco Viejo e joven y por eso apuesta por la vida con decisión,
sin olvidar que todo ha de lograrse con esfuerzo y sacrificio, pero
con la esperanza total de que el espíritu de la Navidad acabará
venciendo a todas las angustias.
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