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Casco Viejo, corazón de Bilbao

            Que el Casco Viejo es el corazón de Bilbao, es una afirmación que todo el mundo puede corroborar.  Lo que la mayoría de la gente no conoce son los motivos por los cuales, pese a haber crecido la capital vizcaína de una forma desmesurada, continúa siéndolo a través de los años.         

            Hace veinticinco años todavía la villa de don Diego era una ciudad provinciana que desarrollaba toda su “vida” en el centro primitivo y originario del lugar.  Con el crecimiento natural de la Villa; construcción del Ensanche, urbanización de Begoña, Santuchu y Zabálburu y Recalde, además de las anexiones de los ayuntamientos colindantes; Deusto, Erandio, etc., lo lógico hubiera sido que el centro de la Villa se hubiera desplazado.

 

casi escondidas para quien no fuera cliente habitual y en las que la honradez tradicional y el conocimiento mutuo hacían más ventas que el marketing, pronto se les inculcó una nueva vida mejorando siempre el trato humano con el cliente, el ganarse su confianza y el ser más un amigo que un vendedor.

            Junto a esta labor de cambiar la imagen interna de los propios comerciantes, la asociación “Casco Viejo” empezó a empujar para que la cara de la zona cambiara.  Se intensificó la limpieza y se procuró un mayor orden en sus calles.  La iluminación, tan abandonada como el barrio en un principio, fue aumentando enseñando la ya casi olvidada fisonomía tradicional de la Villa e invitando a la gente a recorrer sus calles.

            En un principio esto fue realmente así.  El centro de la urbe pasó la ría y se empezó a formar en los alrededores de la Gran Vía.  Los establecimientos bancarios, las oficinas, los despachos y consultas de los profesionales vizcaínos se asentaron en el nuevo casco bilbaíno.  En esa época el comercio del Casco Viejo, floreciente en un principio, empezó a experimentar un descenso en su importancia.

            Los factores que motivaron esta pérdida de clientela eran los lógicos inherentes al desarrollo de la capital vizcaína.  La gente acudía menos al Casco Viejo debido a que el “centro” se había desplazado.  Las compras se hacían en los nuevos comercios que iban surgiendo con el crecimiento de la Villa. Nuevos sistemas de ventas, impulsados por la llegada de nuevas generaciones de comerciantes marginaron al comercio “tradicional” que los tenderos de Bilbao efectuaban.

            Las tiendas un poco oscuras, basadas en una pequeña y fiel clientela particular de cada negocio permitían la subsistencia del Casco Viejo, pero la mantenía en un estancamiento dentro de lánguidos niveles de comercio.  Por otra parte el Casco Viejo, abandonado por las autoridades locales y provinciales, iba degradándose cada vez más.  Sus calles antes animados focos de vida iban decayendo.  Sus edificios teñidos por los humos de sus fábricas iban perdiendo encanto y atractivo.  Se perdían los lugares tradicionales por el abandono, la piqueta y la ceguera de todos.

            En la mayoría de las ciudades sucedía otro tanto.  Pero entonces se empezó a tomar conciencia en todo el mundo de que los cascos antiguos de las urbes había que potenciarlos para guardarlos como testigos de la evolución de la ciudad.

            De esta manera surgía el 25 de abril de 1969 la asociación “Casco Viejo”; como una entidad romántica que mantuviera el centro tradicional de Bilbao tal y como había sido desde su fundación, evitando su progresivo deterioro.  José Luis Salazar, el enamorado de la cuna de Bilbao, fue el que más empeño puso en mantener al Casco Viejo románticamente vivo.  Mantener, para el futuro, ese Casco Viejo todavía vivo, pero con multitud de achaques, fue su primera meta.

            A la idea original de mantener el centro vivo se unieron en un principio los comerciantes más innovadores de la zona.  Pronto este pequeño grupo se encargo de empezar una ingente tarea que ha llevado al Casco Viejo desde su agonía a un resurgir ilógico si no hubiera mediado este grupo.

            El comercio, que es lo que más vida da a un lugar fue sacado de su atonía.  Pese a la desconfianza que ofrecía en principio una idea que “no” perseguía ánimo de lucro personal entre sus creadores, los comerciantes se pusieron manos a la obra de una manera entusiasta.

            Si tradicionalmente los comercios de la zona eran pequeñas industrias familiares,  

 

            Además, la Asociación “Casco Viejo”, que había nacido como una entidad conservadora del entorno desde un punto de vista casi ecológico, se convirtió en pionera de las de su género en el País Vasco y en España, y en motor de ideas, iniciativas y actividades encaminadas a desarrollar la vitalidad de su zona.  Las mismas dificultades la hicieron crecer, le dieron experiencia, y la encaminaron a su actual estado.  Lo que nació como bastión en defensa del Casco Viejo se ha convertido en paladín de su progreso.  

            Hoy una joven Asociación de Vecinos se ha unido a la lucha para la mejora de la zona.  Y ambos grupos pugnan desde dos áreas casi superpuestas, el comercio y el movimiento ciudadano, para llegar a un mejor desarrollo del corazón de Bilbao.

            Aunque todavía quedan cosas por hacer: zonas peatonales, auténticamente peatonales, mejoras en las instalaciones del barrio etc., el Casco Viejo se encuentra en un momento álgido de su vida.

            Las mejoras llevadas a cabo desde la Asociación del Casco Viejo han vuelto a poner el Casco Viejo en el primer lugar del comercio bilbaíno.  Las actividades promovidas por la asociación tanto desde el punto de vista urbanístico (alumbrado y mejora de las calles, limpieza, etc.), como labor y promoción de acciones socio culturales bien en la vertiente deportiva (Casco Viejo en hockey sobre hielo, fútbol y Semana del deporte rural) u otros campos, como la promoción del Casco Viejo por medio de concursos, las clases de euskara que se imparten desde la sede de la asociación, hasta la creación de esta revista Egun On vínculo de relación entre el Casco Viejo y sus clientes y amigos de Vizcaya y todo el mundo.

            Todavía no están todas las metas cubiertas.  El deseo del Casco Viejo en convertirse en el centro vital de Bilbao implica otras muchas cosas que ya están en la mente de las personas que lo quieren.  Además de centro comercial, día a día se va convirtiendo más y más en el centro cultural, sede de asociaciones como Euskaltzaindia y Asociación de Txistularis de Bilbao, centros regionales y sociedades y “txokos” que tan arraigados están en nuestras costumbres.

            Y poco a poco este Casco Viejo, hace tan poco tiempo olvidado y desconocido de la gente, se está convirtiendo en el lugar de reunión y el centro de cita de Bilbao.  Y si la Plaza Nueva es el centro motor de esas citas (incomparable el espectáculo popular que entre sus arcos se desarrolla el domingo por la mañana), otras zonas se ven frecuentadas por los jóvenes que se reúnen para hablar, cantar y tocar la guitarra.  El ambiente, miscelánea de tipos, edades y colores, de sus zonas de txikiteo.  

            El Casco Viejo se diferencia de otros centros comerciales por el “calor” que encierran sus calles; por el trato humano cliente a cliente, amigo a amigo; porque sus calles nos son tan familiares como las del rincón de donde procedemos, y porque el clima amigable y tranquilo que allí se respira nos ayuda a escaparnos de los ajetreos y las prisas del siglo XX, aunque sólo sea durante un rato.

 

 

PIO DE ITUREN

 

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