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En un principio esto fue realmente así.
El centro de la urbe pasó la ría y se empezó a formar en los
alrededores de la Gran Vía. Los
establecimientos bancarios, las oficinas, los despachos y consultas de
los profesionales vizcaínos se asentaron en el nuevo casco bilbaíno. En esa época el comercio del Casco Viejo, floreciente en un
principio, empezó a experimentar un descenso en su importancia.
Los factores que motivaron esta pérdida de clientela eran los
lógicos inherentes al desarrollo de la capital vizcaína.
La gente acudía menos al Casco Viejo debido a que el
“centro” se había desplazado.
Las compras se hacían en los nuevos comercios que iban
surgiendo con el crecimiento de la Villa. Nuevos sistemas de ventas,
impulsados por la llegada de nuevas generaciones de comerciantes
marginaron al comercio “tradicional” que los tenderos de Bilbao
efectuaban.
Las tiendas un poco oscuras, basadas en una pequeña y fiel
clientela particular de cada negocio permitían la subsistencia del
Casco Viejo, pero la mantenía en un estancamiento dentro de lánguidos
niveles de comercio. Por
otra parte el Casco Viejo, abandonado por las autoridades locales y
provinciales, iba degradándose cada vez más.
Sus calles antes animados focos de vida iban decayendo.
Sus edificios teñidos por los humos de sus fábricas iban
perdiendo encanto y atractivo. Se
perdían los lugares tradicionales por el abandono, la piqueta y la
ceguera de todos.
En la mayoría de las ciudades sucedía otro tanto.
Pero entonces se empezó a tomar conciencia en todo el mundo de
que los cascos antiguos de las urbes había que potenciarlos para
guardarlos como testigos de la evolución de la ciudad.
De esta manera surgía el 25 de abril de 1969 la asociación
“Casco Viejo”; como una entidad romántica que mantuviera el
centro tradicional de Bilbao tal y como había sido desde su fundación,
evitando su progresivo deterioro.
José Luis Salazar, el enamorado de la cuna de Bilbao, fue el
que más empeño puso en mantener al Casco Viejo románticamente vivo.
Mantener, para el futuro, ese Casco Viejo todavía vivo, pero
con multitud de achaques, fue su primera meta.
A la idea original de mantener el centro vivo se unieron en un
principio los comerciantes más innovadores de la zona.
Pronto este pequeño grupo se encargo de empezar una ingente
tarea que ha llevado al Casco Viejo desde su agonía a un resurgir ilógico
si no hubiera mediado este grupo.
El comercio, que es lo que más vida da a un lugar fue sacado
de su atonía. Pese a la
desconfianza que ofrecía en principio una idea que “no” perseguía
ánimo de lucro personal entre sus creadores, los comerciantes se
pusieron manos a la obra de una manera entusiasta.
Si tradicionalmente los comercios de la zona eran pequeñas
industrias familiares,
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Además, la Asociación “Casco Viejo”, que había nacido
como una entidad conservadora del entorno desde un punto de vista casi
ecológico, se convirtió en pionera de las de su género en el País
Vasco y en España, y en motor de ideas, iniciativas y actividades
encaminadas a desarrollar la vitalidad de su zona.
Las mismas dificultades la hicieron crecer, le dieron
experiencia, y la encaminaron a su actual estado.
Lo que nació como bastión en defensa del Casco Viejo se ha
convertido en paladín de su progreso.
Hoy una joven Asociación de Vecinos se ha unido a la lucha
para la mejora de la zona. Y
ambos grupos pugnan desde dos áreas casi superpuestas, el comercio y
el movimiento ciudadano, para llegar a un mejor desarrollo del corazón
de Bilbao.
Aunque todavía quedan cosas por hacer: zonas peatonales, auténticamente
peatonales, mejoras en las instalaciones del barrio etc., el Casco
Viejo se encuentra en un momento álgido de su vida.
Las mejoras llevadas a cabo desde la Asociación del Casco
Viejo han vuelto a poner el Casco Viejo en el primer lugar del
comercio bilbaíno. Las
actividades promovidas por la asociación tanto desde el punto de
vista urbanístico (alumbrado y mejora de las calles, limpieza, etc.),
como labor y promoción de acciones socio culturales bien en la
vertiente deportiva (Casco Viejo en hockey sobre hielo, fútbol y
Semana del deporte rural) u otros campos, como la promoción del Casco
Viejo por medio de concursos, las clases de euskara que se imparten
desde la sede de la asociación, hasta la creación de esta revista Egun
On vínculo de relación entre el Casco Viejo y sus clientes y
amigos de Vizcaya y todo el mundo.
Todavía no están todas las metas cubiertas.
El deseo del Casco Viejo en convertirse en el centro vital de
Bilbao implica otras muchas cosas que ya están en la mente de las
personas que lo quieren. Además
de centro comercial, día a día se va convirtiendo más y más en el
centro cultural, sede de asociaciones como Euskaltzaindia y Asociación
de Txistularis de Bilbao, centros regionales y sociedades y
“txokos” que tan arraigados están en nuestras costumbres.
Y poco a poco este Casco Viejo, hace tan poco tiempo olvidado y
desconocido de la gente, se está convirtiendo en el lugar de reunión
y el centro de cita de Bilbao. Y
si la Plaza Nueva es el centro motor de esas citas (incomparable el
espectáculo popular que entre sus arcos se desarrolla el domingo por
la mañana), otras zonas se ven frecuentadas por los jóvenes que se
reúnen para hablar, cantar y tocar la guitarra.
El ambiente, miscelánea de tipos, edades y colores, de sus
zonas de txikiteo.
El Casco Viejo se diferencia de otros centros comerciales por
el “calor” que encierran sus calles; por el trato humano cliente a
cliente, amigo a amigo; porque sus calles nos son tan familiares como
las del rincón de donde procedemos, y porque el clima amigable y
tranquilo que allí se respira nos ayuda a escaparnos de los ajetreos
y las prisas del siglo XX, aunque sólo sea durante un rato.
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