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El crecimiento continuará, con la supresión en 1573 del muro y la
puerta del Portal de Zamudio,
dando paso a la calle Real, hoy de La
Cruz. En cambio, una disminución de la demanda europea del hierro
vasco y los conflictos con la casa de Austria contraen un declive del
comercio a finales del siglo. Será a partir de 1600 cuando se vuelve
a impulsar la pujanza, convirtiéndose Bilbao en el centro de
contratación de los mercaderes europeos de la lana.
Por la ronda de la antigua
muralla se formó una nueva calle (aunque no tuvo dos aceras hasta el
siglo XIX) y sus casas se recortaron sobre la cuesta de Zabalbide. Mientras, La
Ribera se iba poblando de casas y locales y en la construcción
extramuros jugarán un importante papel los arrabales,
como el de Atxuri, y las fundaciones monásticas y parroquiales.
A mediados del siglo XVIII, la planta de la ciudad comienza a
parecerse a la de hoy del Casco
Viejo, a falta de urbanizar la zona actual de la Plaza
Nueva y Ascao. Su
característica forma de corazón
vendrá de la mano del Plan
Loredo de 1785, que prevé el “salto” sobre la Ría y el
ensanche al Bilbao moderno. Ya ha irrumpido el capitalismo comercial
en la Villa –el cual, con las ordenanzas de 1737 del Consulado de
Bilbao consigue un código
comercial pionero- y sus necesidades de expansión harán salirse
del “corsé” del centro hacia allende la Ría.
A mediados del siglo XIX es cuando el aspecto aéreo del Casco Viejo
es idéntico al actual y, precisamente en el último tercio de la
centuria, el centro histórico experimenta un deterioro. La expansión del Bilbao tradicional había culminado y el despegue poblacional comenzado en el siglo XVII
estaba desembocando en hacinamiento.
En cambio, el espíritu
trabajador de los pobladores del Casco Viejo consiguió –al igual
que lo hace hoy en día- superar
las dificultades que contrajo competir con las nuevas áreas en
desarrollo en la capital vizcaina. Unos establecimientos centenarios,
transmitidos de generación en generación, pero con ansias de
superación constante, y un gran
dinamismo comercial lograron que el centro histórico saliera de
esa crisis.
En 1983, otra catástrofe puso a prueba el coraje de los comerciantes
y pobladores de nuestro centro histórico: las inundaciones que asolaron la Villa y multitud de ciudades y pueblos
vascos llevaron a un largo periodo de recuperación. Con todo, tras décadas
de grandes esfuerzos civiles, comerciales e institucionales, y con un
potente proceso rehabilitador liderado por Surbisa, llegamos a
nuestros días, cuando el Casco Viejo de Bilbao se erige como uno de
los principales Centros Históricos
de Europa y como modelo de
revitalización comercial.
Para ello, sus comerciantes y moradores se han empeñado en un propósito
que es una realidad: el Casco Viejo, el segundo
lugar más visitado de Bilbao tras el Museo Guggenheim,
cuenta con buen ambiente
(terrazas, gastronomía, “pinchos”...), gran número de
actividades culturales y festivas, una completa oferta comercial, hotelera y residencial; es
peatonal, céntrico y cuenta con estupendas comunicaciones y, si
aderezamos todo ello con su riqueza
monumental e histórica, es difícil resistirse a visitar el Casco
Viejo bilbaino con cualquier pretexto, en cualquier momento.
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