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Antes de que, el 15 de junio de 1300, Don
Diego López de Haro firmara en Valladolid la Carta
Puebla, el primitivo núcleo de Bilbao consistía en una aldea que
se fue tornando Villa y que se asentaba entre montes, en la zona donde
hoy se halla San Antón. El
“bello vado” estaba separado ya por la Ría
y su margen izquierda se caracterizaba por sus minas y la derecha, por
la pesca y la agricultura.
Según
unos códices hallados por los historiadores Enriqueta Sesmero y
Javier Enríquez, hubo una primera fundación de la Villa en 1285,
dato oculto por los libros copiadores durante siglos. En cualquier
caso, a Don Diego le interesaba que los mercaderes burgaleses hicieran
llegar sus mercancías a Inglaterra a través de Bilbao –y no por
Bermeo o Santander-, por lo que creó el puerto
y realizó la Carta Puebla, que concedía a la Villa el monopolio de las transacciones en un área geográfica muy amplia.
En esos momentos, las luchas entre linajes -y en siglos venideros, de
clases- por imponer la autoridad determinan estas decisiones y la
formación urbanística. Así, en los albores de 1300, Bilbao era una plaza fuerte y, hasta finales del siglo XIV, constará de las
primeras tres calles paralelas (Somera,
Artekale y Tendería), rodeadas por lienzos de murallas que enlazaban una serie de Casas-Torre desde el alcázar
que se construyó en 1332 en el actual emplazamiento de San Antón. El
comercio empieza a
despuntar en ese siglo, en la línea de otras villas del Norte
peninsular, junto con los astilleros y las ferrerías.
La prosperidad del siglo XV vendrá marcada por la exportación del hierro
y la lana castellana. La urbe precisa de expansión, por su propio
crecimiento, y en esos años el recinto amurallado se amplía,
abrazando la estructura cerrada de las Siete
Calles (se suman a las tres primeras Belosticalle, Carnicería
Vieja, Barrenkale y Barrenkale Barrena). Estas vías gremiales seguirán
cultivando la actividad comercial y, a finales de siglo, se da una
nueva ampliación hacia las tierras bajas de un gran Arenal
que partía del arrabal de San
Nicolás hasta lo que luego fue la Plaza
Nueva, siendo derribadas las murallas.
Este avance, llamado “Ensanche
de la Ribera”, llega hasta el norte de la iglesia de Santiago y se crea lo que es hoy la calle Correo, el “camino nuevo” o Bidebarrieta
y Santa María,
configurando un plano más concéntrico. Será el corregidor Cueto el
que certifique los límites de una Villa de clara vocación comercial
y marinera (a pesar del incendio que sufrió en 1571).
Así, Bilbao y su primer ensanche entran en el siglo XVI haciendo gala
de ser el principal puerto del País Vasco, con tráfico continuo con
Nantes y Brujas. Su comercio, apoyado por los inversores y el carácter
trabajador de los bilbainos, es floreciente, y se acompaña de un
aumento demográfico e inmigratorio. En este contexto, la reina
doña Juana otorga por Carta Real (Sevilla, 22 de junio de 1511)
la creación del “Consulado,
Casa de Contratación, Juzgado de los hombres de negocios por mar
y tierra y Universidad de Bilbao”, distinguiéndose de su
competidora Burgos.
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