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::. Plazas y Rincones .:: |
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Plaza Nueva
Nos
tendríamos que remontar hasta la segunda década del siglo XIX para
poder presenciar la construcción de la Plaza Nueva, un lugar con
encanto intrínseco que cuenta con una extensión de 3.400 metros
cuadrados y que fue inaugurada en el año 1851, convirtiéndose de
este modo en la plaza con más solera de Bilbao.
El
cuadrángulo que ocupa presenta 18x15 arcadas de medio punto sobre
pilares cuadrados y columna dórica adosada, mientras que el corredor
cubierto perimetral tiene 4,95 metros de anchura.
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Hoy
en día podríamos referirnos a esta plaza como el Salón de la Villa,
debido a la tranquilidad que en ella se respira, así como a las
numerosas terrazas de cafetería, un conjunto que invita tanto a jóvenes
como niños y mayores a su disfrute, especialmente en los días
soleados.
Los
fines de semana, esta Plaza Porticada se convierte en el
“Montmartre” de la ciudad, acogiendo no sólo a diferentes
coleccionistas numismáticos que venden o compran sus mercancías,
sino también a pintores y demás artistas que se reúnen para mostrar
sus trabajos y realizar, a pie de calle y ante el numeroso público
que domingo a domingo se da aquí cita, esas obras que plasman la
belleza del entorno que les inspira.
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Plaza
Unamuno
Si
tuviésemos que nombrar alguno de los sitios de encuentro por
excelencia de los bilbainos, uno de ellos sería, sin duda, la Plaza
Unamuno, que por su ubicación en el centro del Casco Viejo, así como
por contar con una de las paradas de metro más transitadas, se ha
convertido en un espacio de bullicioso movimiento.
Antaño
se trataba de un lugar con importantes edificios que fueron demolidos
por diferentes intereses, mientras que entre los años 1625 y 1835
estuvo ocupado por el Convento de la Cruz, notable edificio de estilo barroco que dejó
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espacio a esta plaza, en medio de la cual se levanta
un busto del insigne escritor y Bilbaino Universal Miguel de Unamuno,
presidiendo de este modo con su atenta mirada el Museo Arqueológico,
Etnográfico e Histórico que se ubica también en dicha plaza.
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Plaza
Santiago
Albergando
la Catedral con el mismo nombre, se encuentra esta plazuela de
Santiago, lugar que algunos dantzaris de la Villa hacen suyo por unas
horas, llevando hasta ellas sus tradicionales dantzas que ponen en común
los fines de semana en horario vespertino, amenizando de este modo
parte de las Siete Calles de Bilbao.
El
que fuera punto neurálgico de la Villa y centro de la numeración de
todas las casas de Bilbao hasta 1885, acoge en su centro la fuente de
Paret, la cual no fue únicamente ideada como elemento decorativo,
sino también dirigida al servicio de las personas.
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Arenal
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Otras
muchas ciudades crecieron alrededor de un río, pero en el caso de la
Villa, la Ría de Bilbao fue el eje de la creación de nuestro “botxo”.
Así, esas mismas aguas que daban alimento a nuestros antepasados
fueron depositando arenas en un playazo amplio, de donde vino el
nombre del Arenal.
Entre
la expansión del antiguo Casco Viejo y paralelamente a la
transformación en zona portuaria, El Arenal se convirtió en el paseo
entre Bidebarrieta y la iglesia de San Nicolás a comienzos del siglo
XIX. El actual Puente del Arenal constituyó, así, el salto por la Ría
hacia el primer Ensanche del siglo XX.
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Parte
vital de la Villa, El Arenal cuenta con identidad propia, aglomerando
a diario un importante número de viandantes que se incrementan en
actos señalados como las diferentes ferias que allí se concentran
anualmente o celebraciones varias, como el Mercado de Santo Tomás o
el tradicional mercado de flores que se lleva a cabo cada domingo, así
como las romerías de dantzas que se celebran los fines de semana
alrededor del destacable.
Kiosco
de Música (ideado y construido en 1923 con el fin de albergar
actuaciones de bandas musicales, en especial la municipal).
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Fuente
del Perro
Atribuida
la construcción de este monumento neoclásico a Juan Bautista de
Orueta y Miguel de Maruri, se trata de una fuente que sustituyó a
otra preexistente con el nombre de “Chorros de San Miguel”.
Sería
en 1800 cuando, con la finalidad principal de ser un abrevadero para
los animales de carga que acudían al mercado, se modificó dicha
construcción, recibiendo el nombre de “Fuente del Perro”. Esta
definición fue debida a que los nuevos caños construidos se
asimilaban a la imagen de un perro, percepción popular a la que se
debió el cambio de nombre y, por extensión, la de la calle.

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